Beatriz Carrasco abrió Verdant Bloom en la primavera de 2014 con 180 especies, una parcela de 1.200 m² en el barrio de Palermo y la certeza de que Buenos Aires necesitaba un jardín botánico que no fuera un museo. La idea era simple: un lugar donde la gente pudiera tocar las plantas, olerlas, preguntar cosas y llevarse algo a casa. Los primeros meses fueron difíciles. La parcela tenía el suelo compactado por años de uso industrial, y hubo que enmendar más de 40 toneladas de tierra antes de plantar la primera semilla. Pero en agosto de 2015 floreció la primera Strelitzia del jardín, y Beatriz dice que ese día entendió que el proyecto iba a funcionar.
En 2018 llegó el invernáculo de helechos, que hoy es el sector más visitado del jardín. Lo construyeron con madera de pino reciclada y vidrio recuperado de una fábrica que cerró…
Hoy Verdant Bloom tiene más de 600 especies documentadas, dos guías de planta fija además de Beatriz, un programa de voluntariado activo y una lista de espera para los talleres de los fines de semana. Seguimos siendo un jardín pequeño e independiente, sin subsidios ni patrocinadores corporativos. Lo que nos mantiene es la gente que viene, que compra semillas, que trae a sus hijos y que vuelve cada temporada a ver qué cambió. Eso es lo que queremos seguir siendo.
With respect
Beatriz Carrasco estudió botánica en la Universidad Nacional de Córdoba y pasó cuatro años trabajando en el vivero municipal de Villa Carlos Paz antes de abrir Verdant Bloom en 2014. Lo que la trajo de vuelta a Buenos Aires fue una parcela de tierra en Palermo que nadie sabía qué hacer con ella. Beatriz sí lo sabía. Hoy cuida personalmente cada sector del jardín, lleva un cuaderno de campo donde anota las fechas de floración de cada especie y tiene debilidad por las bromelias de montaña que tarda meses en conseguir de proveedores del noroeste argentino.